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El arte de recordar los nombres – Por Santiago Torre

Un delegado territorial de la empresa para la que trabajo nos decía esta mañana que uno de sus clientes no consigue acordarse del nombre de las personas que le presentan y que eso le supone un problema y nos preguntaba si conocíamos algún truco para mejorar esa (des) habilidad tan frecuente.

¿Tú eres de los que siempre recuerda nombres o de los que por mucho que lo intentes no lo consigues? ¿Preferirías que se presentaran con su número de DNI?

No poder recordar el nombre de alguien puede ser además una falta de respeto para nuestro interlocutor y puede ser muy contraproducente tanto en situaciones profesionales como personales.

¿Cuántas veces te ha sucedido en una llamada de teléfono o en una conversación no acordarte del nombre de la otra persona?. Lo cierto que, cuando mínimo, es una situación incómoda.

Volviendo a la solicitud de nuestro asociado, le indicaba que hace unos años hice un curso de Dale Carnegie denominado “Habilidades para el éxito” (que por cierto, recomiendo muy encarecidamente. Es, probablemente, la mejor formación que he recibido) y en la primera sesión trabajábamos sobre esto.

En mi caso y por mi estilo de comportamiento, me resultaba muy complicado recordar el nombre de alguien, pero aquel curso me facilitó ciertas técnicas que me permiten recordar una lista muy amplia. En determinadas formaciones que imparto (sobre todo las de ventas) hago presentarse a cada persona y que digan qué esperan de la jornada. Realmente les impresiona cuando soy capaz de recordar el nombre de todas ellas y en el mismo orden en que se han presentado. Cuando algo más adelante cuento la importancia que tiene saber el nombre de alguien cuando hago una pregunta de cierre, nadie lo pone en duda. Me he ganado la autoridad suficiente para que me crean.

Te cuento un resumen de lo que aprendí en aquel curso y que ahora pongo en práctica.

Si estás con una sola persona:

  1. a) Presta mucha atención a su nombre. Si no lo has cogido porque se te ha ido la cabeza, pídele que lo repita
  2. b) Repíteselo y hazle una pregunta amistosa, a ser posible relacionado con alguien que conozcas. Por ejemplo, supongamos que se llama Salvador, dirás, “Salvador, hombre yo tengo un primo compañero de facultad, amigo de la mili, … que se llamaba así. Un tío muy majo, como todos los Salvadores” a la vez que asignas en tu mente a esta nueva persona a la que ya conoces haciendo algo raro.

Si son dos o tres.

  1. a) Presta mucha atención
  2. b) Repite mentalmente el nombre de cada uno e intenta asignarlo a una imagen de alguien que se llame igual en tu cabeza. Acto seguido repítelo en voz alta. “Salvador”
  3. c) Cuando acaben las presentaciones di. Perdonar, es que a veces se me van los nombres. Me habéis dicho “Salvador, Santiago y Antonio, ¿verdad?

Si son muchos más.

a) Si no eres capaz de retener el de una persona o el de un grupo de 3, no pases a esta fase

b) Presta mucha atención y pon tu mente en modo retención

c) Cuando se presenten utiliza el método: repite mentalmente el nombre de cada uno e intenta asignarlo a una imagen de alguien que se llame igual en tu cabeza. Acto seguido repítelo en voz alta. “Salvador”. Si eres formador, vete diciendo con cada uno: “muchas gracias Salvador” y añade un comentario adecuado al momento. Cada 3, 4 o 5 presentaciones repasa mentalmente todos los nombres y dilos en voz alta si es necesario

d) Una técnica que nos enseñaban en Dale Carnegie, que es complicada de asentar, pero cuando lo haces, tremendamente efectiva, es crear una historia visual en tu mente con todos los nombres uniendo acciones. Para ello debes construirte tu propia historia base en donde puedas memorizar 20 acciones seguidas y vas asignando el nombre de cada uno a la acción que ya está en tu cabeza. Un ejemplo es desglosar la rutina de salida de tu casa un día normal para ir a la oficina: cojo las llaves, me pongo la chaqueta, abro la puerta, bajo las escaleras, salgo del portal, abro el coche, me monto en él, arranco …. Así en 20 partes hasta llegar a la oficina y vas asignando a cada persona a cada parte que lo hace contigo de un modo un tanto extravagante.

Al final ya ves que todo comienza por “presta atención”, prepara tu mente, concéntrate, repite el nombre y visualízalo asociándolo a algún homónimo que conozcas.

Apréndelo, interiorízalo, repítelo, entrénalo y adquiere la habilidad de hacerlo sin esfuerzo. Ahora te parece imposible, pero de verdad que no lo es, te lo aseguro yo, que era malísimo en este aspecto y en estos momentos lo realizo de manera automática, sin siquiera darme cuenta. Es posible, de verdad.

Santiago Torre (El Blog de Santiago Torre)

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4 Responses to “El arte de recordar los nombres – Por Santiago Torre”

By Maite - 18 febrero 2015 Responder

No olvidemos que la percepción que alguien tiene de nosotros, se convierte en su realidad. Cuando no recordamos el nombre de nuestro interlocutor, éste pensará que para nosotros es irrelevante, aunque no sea así. Si por el contrario, lo recordamos, la percepción que tendrá de nosotros es que le damos la importancia que se merece puesto que todos somos conscientes que hacemos un esfuerzo por recordar aquello que nos parece importante.
Cuando conocemos a alguien y nos esforzamos e invertimos tiempo en recordar su nombre, estamos haciendo el primer paso y probablemente el más importante para demostrar respeto y fomentar una relación constructiva.
A quién le interese este tema le recomiendo lo que sobre ello ha publicado la fundadora de Well Said, Darlene Price.
Gracias Santiago!

By Santiago - 17 febrero 2015 Responder

Ya veo que a todos nos pasa lo mismo. Como bien decís: atención y práctica son las dos claves

By Antonio - 17 febrero 2015 Responder

Si que es un problema. Lo cierto es que muy probablemente no recordemos los nombres porque los pasamos por alto, como bien dices hay que comenzar por prewstar atención, mucho más cuando sabemos que se nos olvidan facilmente. Cuando sucede, realmente es embarazoso.

By Juan Carlos - 17 febrero 2015 Responder

Es curioso como casi todo tiene el mismo método, practicar, practicar, practicar, repetir, repetir, repetir. Si hubiera aplicado este principio ahora sería un pianista notable. Qué sencillo ¿verdad?

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