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El hábito no hace al monje – Por Pedro Cerdán

Que a alguien le toque la lotería, no le convierte en millonario. Tan solo se convierte en una persona con mucho dinero.

Para ser millonario hay que tener creencias y valores, estilo de vida y composturas, propios de millonario y que se perciben a través de sus comportamientos, acciones y reacciones. Son muchos los que se han visto agraciados por la lotería con grandes cantidades de dinero, y al poco tiempo han vuelto, por su mala cabeza, a ser pobres de solemnidad y tan vulgares como eran antes. Genio y figura, hasta la sepultura.

Al millonario tradicional, al millonario de siempre le presuponemos, nos agrade o no, un comportamiento refinado, exquisito, sofisticado, fuera de lo vulgar. Es clasista y culto. Les viene de cuna.

A los otros, a los que se han encontrado con una gran fortuna, los calificamos como “Nuevos Ricos”. A estos nuevos ricos los identificamos por lo burdos que pueden resultar, al querer imitar lo que trasladan los millonarios tradicionales a través de sus comportamientos: refinamiento, exquisitez, sofisticación y clasismo. Se esfuerzan por dejar atrás esa vulgaridad que siempre les ha impregnado hasta en los más recónditos rincones de sus entrañas. Hacen bandera de la ostentación. Para que al final e irremediablemente, siempre les traicionen las raíces. Les viene del catre.

Por ello, podríamos afirmar que, la condición de ser millonario trasciende del hecho de tener o no dinero. Trasciende porque esa persona, con o sin dinero, tiene y mantiene esas creencias, valores, comportamientos, estilo y maneras propias de millonario.

Lo expresaré más claramente para que se me entienda: El hábito no hace al monje.

¿Qué es lo que ha ocurrido en estos años de bonanza? Que cualquiera se sentía capaz de crear una empresa y lo hacía. Porque eran tiempos de bonanza, en los que la insaciable demanda interna tenía como aliado el fácil acceso al crédito.

Esos emprendedores, negociantes, de aquellos años de bonanza, fueron capaces de hacer crecer sus empresas y comprobaron con perplejidad la aparición del beneficio. Por ello, se creyeron legitimados para revestirse de la autoridad y dignidad (va por ti, A. B.) que conlleva ser un gran empresario. A su muy particular ego, se le quedaban pequeñas todas las más altas cumbres de este mundo. Su supuesta sabiduría les hacía exhalar, por todos los poros de su cuerpo, doctrina relacionada con la praxis de la empresa. Se proclamaron a sí mismos consagrados empresarios, bien por algo muy…

…similar al derecho divino que justificaba antaño la autoridad de los reyes, o por el contrato social al que se refería Rousseau, que investía a nuestros dirigentes del poder necesario para gobernar y aceptar los gobernados su autoridad.

Pero crear y ser propietario de una empresa, no le convierte en empresario. Para ser empresario hay que tener creencias, valores, actitudes y aptitudes de empresario, tengas o no empresa.

De nuevo no me resisto a decirlo una vez más: El hábito no hace al monje.

Y ¿por qué todo esto? Para que seamos conscientes de que muchos propietarios de empresas y directivos de las mismas, que conforman parte de nuestro tullido tejido empresarial, son fruto de aquellos años de bonanza. Que son muchos los propietarios y directivos que llevan el hábito de empresarios sin serlo.

Son muchos los que no son empresarios, porque ante la posibilidad de añadir a ese bagaje que ya poseen, otros conocimientos, levantan entorno suyo barreras del tipo:

¿Qué me van a enseñar Vds. de mi negocio?

No se percatan de que, evidentemente de su negocio (construcción, mueble, cárnicas,  transporte, asesoría) no se le intenta enseñar nada. En esas materias Vds. son los especialistas. De lo que si pueden beneficiarse es de materias relacionadas con la gestión de empresas. Gestión de empresas para que la suya gane dinero utilizando como medio la construcción, alimentación o la energía nuclear. Porque la empresa no es un fin, la empresa tan solo es el medio a través del cual, hacer realidad lo que Vd. perseguía al crearla o al asumir estar al frente de ella: El beneficio y la calidad de vida en un sentido amplio.
Esa miopía no la han tenido las empresas que ven luz o que no han creído en la existencia de un hipotético túnel por el que dicen está atravesando la economía en general, y el mundo de la PYME en particular. Las empresas que no han creído en la existencia de ese túnel y, por lo tanto, siempre han estado en un entorno luminoso, creyeron firmemente en la necesidad de formarse para cambiar hacia la dirección adecuada, y seguir creciendo y obteniendo mayores beneficios.

Debemos preguntarnos: ¿Soy de los que no distinguen entre el fin y los medios?

Ser empresario nada tiene que ver con estar muy formado, ni trabajar mucho. Ser un buen empresario nada tiene que ver con haber sido capaz de ganar dinero en épocas de bonanza. Por estar muy formados o haber sido capaz en otros tiempos de obtener pingües beneficios, ya nos creemos grandes y consagrados empresarios. Error.

El estar muy formado no es aval de empresario. ¿Cuántas ruinas humanas muy ilustradas vemos deambular tras un puesto de trabajo?

El trabajar mucho, tampoco es garantía para llegar a ser un empresario de éxito. ¿Cuántos propietarios de empresas han trabajado más que Vd. y hoy están pagando las consecuencias de ese hipotético túnel?

Llevar una embarcación de un puerto a otro con buena mar y con moderados vientos favorables, aún siendo un profano en el arte de la navegación, es posible. Pero ello no te convierte en un lobo de mar.

Llevar esa misma embarcación de un puerto a otro, con la mar encrespada y fuertes y contrarios vientos… eso ya requiere tener conocimientos del arte de la navegación. Es en esas condiciones cuando se demuestra la madera de un lobo de mar.

Einstein decía: “Es una locura pretender distintos resultados haciendo las mismas cosas”

Darwin: “No es la especie más fuerte, ni más inteligente la que sobrevive, si no la que mejor se adapta”

Porque una crisis ¿qué es? ¿Cuándo aparece? Una crisis aparece cuando algo que funcionaba bien, deja de funcionar.

¿Es Vd. de los que han creído en la existencia de un supuesto túnel?

¿Todavía piensa que la luz aparecerá por causas externas a Vd. y su organización?

Un empresario debe controlar su empresa. Control sobre todas las áreas de la misma, producción, marketing, ventas, finanzas, administración, RR.HH., equipos, sistemas,… No debe ser un especialista en todas ellas, pero si conocerlas, saber opinar y elegir.

Sin esa capacidad de control, no remediará sus puntos débiles, no llegará a un diagnóstico certero. Sin el diagnóstico, jamás dará con el tratamiento adecuado que le sane. Solo la casualidad hará que acierte y, dejar en manos del azar la marcha de su empresa, de su patrimonio y de su familia y estilo de vida, es algo que no se merecen.

Lo que la mayoría llama crisis, para unos pocos es oportunidad. No nos quedemos sentados esperando ver pasar esa supuesta crisis. Superar nuestras zozobras solo depende de cada uno de nosotros.

Autor: Pedro Cerdán (Delegación Impulso Alicante)

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