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LA ANSIEDAD Y EL ESTRÉS – Pedro Cerdán

 

LA ANSIEDAD Y EL ESTRÉS.

La ansiedad y el estrés, son problemas que cuestan mucho dinero en el mundo de la empresa. Cierto que hoy, parece que las bajas por ese motivo son menos frecuentes.Lo cual, no significa que los afectados por esos trastornos hayan disminuido, más bien al contrario, pues tenemos más motivos para su aparición. ¿Epidemia?

Población de riesgo son empresarios, directivos, subordinados, entre otros muchos.

Hace días, cayó en mis manos un libro de psicología. Me llamó la atención el título. Durante largos minutos me enganchó. Obtuve respuestas a preguntas que me surgían:

– Qué es la ansiedad y el estrés.

– Cuál la diferencia entre la una y el otro.

– Cómo identificar los síntomas.

– Por qué hemos llegado a ese estado.

¿Cómo sabremos parar la sangría de recursos que supone para las empresas esos frecuentes diagnósticos que, casi siempre, desembocan en malos rollos?

La pregunta: ¿Sufrir estrés/ansiedad, es positivo, beneficioso o negativo y perjudicial?

Hasta hoy, había considerado negativo su efecto, ya que, implícito al diagnóstico, imaginaba al que la padecía, agotado, apático, desconcentrado y desganado en relación a sus tareas y responsabilidades. O sea, baja productividad y perniciosos efectos para el resto de la organización. Su aparición en un entorno laboral, no es muy beneficioso para los intereses de la empresa.

En dicho libro, poco más o menos, leí el siguiente relato:

Un hombre primitivo, vestido con pieles y armado con una rudimentaria lanza, avanza lenta y sigilosamente a través de la espesura de un bosque primigenio. De pronto, a unos metros frente a él, el follaje se mueve bruscamente y surge un tigre de dientes de sable (dícese del Smilodón que habitó hace 10.000 años en la tierra).Ante el peligro, algo sucede en el interior de nuestro ancestral amigo; su corazón se acelera, sus músculos se tensan, siente calor, en su mente aparece una inminente señal de alarma, y eso le hace actuar rápidamente para salvar su vida trepando a un árbol.

Texto de Carmen Pastor y Juan Sevilla.

Al hilo del relato, imaginé otro más contemporáneo que el del sanguinario Smilodón:

Se personaban en mi empresa o en mi apacible vivienda, con premeditación, alevosía y nocturnidad, los secuaces de nuestro Ministro Cristóbal Montoro. Personación a modo de requerimiento de la Agencia Tributaria. De repente, esos plácidos y reservados entornos se me tornaron lúgubres, inquietantes y tan alarmantes como si estuviese enla espesura de ese bosque primigenio de hace 10.000 años. Me imaginé buscando un árbol al que trepar para ponerme a salvo y a los míos. Porque esa gente, no hace prisioneros. Simplemente acaban contigo, con tu vida y la de los tuyos. Algunos de esos inquisidores y verdugos a sueldo, ignoran que la justicia no está reñida con la piedad. Y, además, no se han percatado de que la exigencia escrupulosa de lo que es legal, requiere para ser aceptada con ese grado de rigor que: lo legal coincida con lo que es justo. No se han dado cuenta que un ladrón no puede pedirle a otra persona que cumpla con lo público si no dispone de lo más básico para sobrevivir.

Ante esas reflexiones y la constatación de que, esa es la realidad con la que convivimos, pensé: Y en vez de trepar para sobrevivir, ¿porqué no trepar para instalar una cuantas sogas y algo se me ocurrirá que colgar de ellas? Al instante alejé de mí esos pensamientos. En el cole de curas al que fui me dijeron que “todo lo que te venga, acéptalo de buen grado por la mayor gloria de Dios”. Vamos a tener que empezar a poner puertas a ese campo, eso de tras una mejilla poner la otra… pues NO.

Para más abundar, se oye que: el 40% del sueldo de los secuaces dependerá del número y cuantías de actas que levanten. A esos secuaces tan solo les sugeriría que, empiecen a pensar en negociar incorporar a sus emolumentos un buen plus de peligrosidad, complementado con un buen seguro de más amplias coberturas.

¡¡Esto es de locos!! … y todos callamos. Por eso, tenemos lo que nos merecemos.

Recuerdo una frase de una de las series nacionales de éxito: ¿Qué somos, huevones o leones? Quien no conozca la respuesta, que se vaya a estudiar a Salamanca.

¡Santo dios! Perdonad este desliz de violencia y apología a la insumisión. Me retracto.

Pero… volvamos a nuestro tigre de dientes de sable, el que al lado de nuestra Agencia Tributaria y sus secuaces resulta ser un lindo, vulnerable y enternecedor minino.

Así reaccionamos ante los peligros (estímulos) que se nos puedan presentar o situaciones difíciles. Ante esos estímulos, nuestro organismo reacciona, pensando, sintiendo y actuando de manera muy similar. Esa reacción, comportamiento, respuesta ante situaciones determinadas de peligro, se le llama en psicología: ANSIEDAD.

Por lo que la ansiedad tiene como misión: LA SUPERVIVENCIA.

Yo le adjudicaba al término ansiedad una carga negativa, y ahora descubro que es todo lo contrario. Sin ansiedad, difícilmente la especie hubiera sobrevivido. Cuando percibimos el peligro, el mecanismo se activa y reaccionamos de determinada manera con el único objetivo de salvarlo, de sobrevivir. ¡Esto es la pera!

Nos ocurre cuando conduciendo nos llevamos un susto y se activan nuestros reflejos. Esos reflejos los activa la ansiedad, ese mecanismo del que hablo. Nos ocurre al hablar en público, ante un examen decisivo, una entrevista de trabajo importante,… sentir ansiedad nos da la oportunidad de sacar al exterior y dar lo mejor de nosotros mismos,aquello que jamás hubiéramos pensado que disponíamos en condiciones normales.

Luego la ansiedad es beneficiosa, nuestra gran aliada para superar situaciones difíciles.

Entonces, ¿por qué esa carga de negatividad para ese término? Pues como todo en esta vida, solo oímos hablar de algo cuando se presenta en grados extremos. Nunca nos acordamos de la ansiedad cuando se encuentra en un punto medio, que suele ser donde está la virtud. Punto medio donde es beneficiosa y pasa desapercibida, cuando juega el papel que le toca jugar en nuestro organismo y parece ser inocua.

La ansiedad es perniciosa cuando es llevada a grados extremos. Entonces, no es ansiedad, es un trastorno de la ansiedad lo que cuesta dinero a las empresas:

– Sufrimos un trastorno de ansiedad cuando, ante una situación que no supone ningún o muy escaso riesgo (subir en avión, ascensores,…), nuestro organismo reacciona desproporcionadamente. Si en esas circunstancias aparece un cuadro importante de ansiedad, tenemos un problema, un trastorno de la ansiedad.

– Cuando ante una situación determinada, a la que es implícita sentir ansiedad (hablar en público), pero es tanta y desproporcionada que sentimos, que nos paraliza, entonces tenemos un problema, tenemos un trastorno de la ansiedad.

Por ello, en psicología hablan de “Trastornos de Ansiedad”. Trastornos con nombres como: Pánico, agorafobia, fobia social, fobia simple, trastorno obsesivo-compulsivo, estrés postraumático, ansiedad generalizada y, según autores, la hipocondría.

Y al final, ¿Diferencia entre ansiedad y estrés? Si lo que busca es sinceridad, le diré que no tengo ni idea. Dependerá de autores, escuelas, doctrinas. Lo que sí sé: Antes, ansiedad y estrés lo asociaba a negatividad. Hoy la considero gran compañera de viaje.

Situada en un mágico punto medio, es un don. Los extremos nunca son buenos.

¡¡Vaya un descubrimiento!

A su disposición en:

pedrocerdan@impulsocoach.com y www.impulsocoach.com

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One Response to “LA ANSIEDAD Y EL ESTRÉS – Pedro Cerdán”

By Antonio - 10 octubre 2014 Responder

Muy bien Pedro, otro día nos hablas del positivismo. De lo cual no estoy muy seguro pero entiendo que debe ser el lado bueno de las cosas, más dificil de encontrar que el lado bueno. Eso es lo que has hecho con la ansiedad, encontrarle el lado bueno. Gracias por el artículo.

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