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La “contra” de un elevado régimen de revoluciones – Por Pedro Cerdán

Suele ser muy normal solicitar una visita, concretar día y hora, y llegado el momento, salir con una sensación extraña.
Eso suele ocurrir siendo conocido del sujeto a visitar, cliente, proveedor o cualquier otro rol que en ese momento puedas representar.
Sensación extraña porque el sujeto a visitar, de inmediato te traslada lo apretado de su agenda y el poco tiempo del que dispone para atenderte.
Soy capaz de entenderlo. Si tuviéramos que atender a todos los que nos piden unos minutos, seguro que al día le faltarían horas, y el tiempo es un bien escaso que administrar sabiamente.

A mí también me suele ocurrir, me refiero a lo de salir con esa extraña sensación.
Cuando me ocurre, no piense que salgo sintiéndome mal. Le diré, de manera resumida, qué es lo que pienso: Pienso que ese Sr. y yo, hemos perdido una maravillosa ocasión de conocernos y hacernos crecer mutuamente, porque:
Si yo tengo una manzana y tú otra, y las intercambiamos, tú y yo seguimos teniendo una manzana cada uno. Pero si yo tengo una idea y tú otra y las intercambiamos, ambos nos encontramos teniendo dos ideas.
Un saludo

Pedro Cerdán Martínez

 

Si siempre llevas tu vehículo a tabla, además de ser anti-económico por consumos y desgastes, más pronto que tarde reventará. Me refiero a las revoluciones a las que llevamos trabajando el motor. Cosa distinta es la velocidad, de ahí, el por qué de la existencia de la caja de cambios.

Conduciendo de esa manera, a tabla, además de producir esas des-economías y del elevado riesgo a quedarte sin motor, son muy elevadas las posibilidades de que vayas haciendo una conducción inadecuada y temeraria, con las múltiples consecuencias perniciosas que esa conducta puede tener.

Conduciendo a tabla, estás apostando por una vida útil muy corta de tu vehículo y tal vez asumiendo riesgos innecesarios en relación a la tuya y la de otros.

No utilices tu vehículo de esa manera, no asumas riesgos innecesarios. Como dicen los mariachis allá por Jalisco: “No hay que llegar primero, lo importante es saber llegar”.

Tomando café con un amigo, que no sé si merece que le tenga tanto aprecio ☺, surgió el tema. ¿Qué tema? Ese del que tantos empresarios, mandos y profesionales hemos pecado: Trabajar siempre a tabla, al máximo de revoluciones.

Esas interminables y continuas jornadas de 24 horas. Esas tensiones llevadas al límite. Ese desproporcionado estrés. Esa ansiedad que manaba por todos los poros de nuestro cuerpo. Ese exceso de trabajo que de forma inequívoca nunca ha merecido la pena. No tener tiempo para nada y para nadie.

Han tenido que pasar muchos años, y ver la paja en el ojo ajeno, para que fuéramos capaces de hacernos esta reflexión.

Más concretamente centrábamos nuestra reflexión en los “contra” de trabajar de esa manera. Una vez que relacionamos todos ellos, percibimos que no quedaba espacio para ningún “pro”. Solo quedó uno: El ego personal mal entendido.

El ego personal y mal entendido porque, el que está sometido a ese ritmo de trabajo, se engaña la más de las veces por los siguientes motivos:
– Se siente un superhombre. Siente que es más valorado a nivel social, familiar y profesional por tanto esfuerzo y dedicación. Todos lo niegan, pero si escarban…
– Engorda su vanidad el que los demás hablen de su gran capacidad de trabajo y entrega. Todos lo niegan, pero si escarban…
– Y por fin, se sienten importantes, necesarios e imprescindibles. Todos lo niegan, pero si escarban…

Esa es la realidad en la que vive el amante del riesgo. Es un héroe, un superhombre. Lo niegan, pero tan solo lo niegan por el hecho de no ser correcto ni estético aceptarlo.

Pero para algunos la realidad de esas aceleradas personas resulta patética.

Podríamos hablar de diagnósticos. Buscar las causas de vivir de esa manera.

Desorganización, no saber gestionar el uso de su tiempo, no saber liderar (porque un líder ¿nace o se hace?), ser incapaz de priorizar y delegar,… ¡son tantas las causas!

Pero lo importante: Todas tienen remedio.

Pero, centremos el tema: Los “contra” de trabajar de esa manera, en relación a clientes, subordinados, proveedores, familia y amigos, producto y servicio y, por fin, cómo afecta al sujeto y a su empresa.

Generalmente clientes, subordinados, proveedores, familia y amigos mantienen con ese “sujeto alfa” una escasa relación, la imprescindible. Saben que está al límite y anda escaso de tiempo. Mejor no molestarlo, aunque sea importante. Que prioriza llegar a todo y a todos, y por ese afán, no llega a nada ni a nadie. Todo lo deja a medias.

Sus clientes pueden hacer mucho más por Vd., solo debe darles la oportunidad de demostrárselo.

No fidelizará clientes. Para fidelizar clientes debemos relacionarnos y socializar con ellos de distinta manera, de otra forma, no solo bajo demanda expresa.

Sus clientes no le recomendaran a nuevos clientes. Si a ellos les atiende de esa manera, cómo atenderá a uno que no conoce y que para el referenciador es importante.

¿Estará seguro su cliente que le está dando la mejor solución a su problema, o tan solo la más rápida?

Y seguro que, encima, anda diciendo a su gente y en su publicidad que el cliente es lo más importante.

Sus subordinados pueden hacer mucho más por Vd., solo debe darles la oportunidad de demostrárselo.

Los subordinados no pueden trabajar con el temor de un jefe que no dispone de tiempo para ellos. No dispone de tiempo para que les diga qué, cómo, cuándo y dónde deben hacer lo que tienen que hacer. No disponen de un jefe que resuelva sus dudas,…

…, que les ayude a tomar una decisión, que los evalúe de forma objetiva y les corrija de manera adecuada ante su desempeño. No disponen de un jefe con tiempo para que escuche sus ideas en pro de la mejora de todos, de los procedimientos y sistemas.

Los subordinados temen a un jefe que no se ha dado cuenta todavía de que: “La gente no es el problema, es la solución”.

Sus proveedores pueden hacer mucho más por Vd., solo debe darles la oportunidad de demostrárselo.

De los proveedores se puede aprender mucho, no solo de su producto, también nos pueden dar pistas de la competencia, del mercado, de nuevos procesos y tendencias.

Los proveedores, en función a como les trate, en determinados momentos delicados por los que pueda atravesar su empresa, pueden convertirse en grandes aliados.

Pero para todo ello… no tiene tiempo, va muy acelerado, y los trata tan solo como eso, como proveedores.

Un proveedor bien tratado, puede convertirse en un gran innovador para su empresa.

Su familia y amigos pueden hacer mucho más por Vd., solo debe darles la oportunidad de demostrárselo.

Porque para alcanzar profesionalmente un gran rendimiento, es imprescindible que encontremos el equilibrio de roles que en toda persona concurren. Todos somos, padres, hijos, amigos, trabajadores, profesionales, tenemos pareja,…, sin embargo, disponemos de poco tiempo para desarrollar esas importantísimas relaciones.

Al final, nos quedamos sin amigos y sin familia, pero eso sí, con trabajo y con psicólogo o psiquiatra. Nos perdemos mucho de lo bueno que esta vida nos ofrece. ¿No es patético?

Y por fin, ¿cómo afecta esta forma de afrontar el trabajo al producto y servicio? ¿Cómo me quedo yo y mi empresa?
De verdad ¿merece la pena comentarlo? o Vd. ya se imagina los efectos.

Reflexione sobre ello. Si Vd. trabaja a un excesivo régimen de revoluciones, baje de vueltas. Si lleva un régimen adecuado, no se pase de él, salvo en cortas y no muy frecuentes ocasiones. “Contras”, hay muchos. “Pros”, brillan por su ausencia.

A su disposición en: pedrocerdan@impulsocoach.com y www.impulsocoach.com

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