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La fuerza de las preguntas. Si quieres respuestas brillantes haz preguntas inteligentes – Por Pedro Cerdán

Ahora que lo pienso, en varias ocasiones me he sorprendido diciendo “si no conoces la respuesta, mejor no preguntes”. Recordando esos momentos en los que de mi boca ha salido tan desacertada máxima, creo que me interesa contextualizarla.

Siempre ha sido en el entorno de padre/hijo. No es un intento de justificación. Hasta en ese contexto, la considero desacertada.

Tal vez, el haberle dado algún margen de validez, tenga mucho que ver con eso de… Ojos que no ven, corazón que no siente. Lo más parecido a lo que hace el avestruz, esconder la cabeza ante una situación de peligro.

Lo cierto y verdad es que LAS PREGUNTAS SON UNA GRAN HERRAMIENTA.

No nos debemos cansar de preguntar y responder cuando se nos pregunta. Las preguntas y las respuestas pueden tener una gran fuerza.

Deberemos aprender a hacerlo y conocer sus consecuencias.

Errar, equivocarse no es malo. En sí, lo realmente malo y de necios es perpetuarse en el error. Porque equivocarse es de humanos, y por ello, la ignorancia nunca debe avergonzarnos. Lo realmente tremendo es equivocarse por no ser capaces de preguntar lo que se ignora.

Porque cometer un error y equivocarse, es el paso previo hacia algo extraordinario, enmendar, subsanar, rectificar, excusarse, reconocer tu condición, tus limitaciones y aprender. Es el paso previo a continuar creciendo.

Lo cierto es, que partimos de una realidad de dudas e insatisfacciones innatas al individuo. Desde que aprendemos a hablar, comenzamos a plantear preguntas, movidos por nuestra natural ignorancia y buscamos respuestas. Los niños pueden resultar hasta cansinos, por la cantidad de preguntas que nos plantean. Asumimos su cándida ignorancia y la consideramos natural. Pero a medida que vamos creciendo, esa ignorancia, de natural, pasa a convertirse en una non grata condición personal. No nos gusta mostrar, a través de nuestras preguntas, que es mucho lo que ignoramos por
mucho que sepamos. No nos gusta que los demás, nos tomen por ignorantes.

Suele ocurrir que, a medida que crecemos, preguntamos menos. Hasta que llega un punto en el que tan apenas lo hacemos. Nos empeñamos en trasladar la impresión de que somos autosuficientes, y que de cultura y conocimientos vamos sobrados.

Ese resulta ser un craso error. Todos, sea cual sea la edad y condición, tenemos problemas. Un problema surge cuando se produce una situación, un hecho al que no sabemos dar respuesta y hacerle frente.
Intentamos solucionar esos problemas siguiendo el método “Prueba-Error”. Método que resulta ser, la mayoría de las veces, muy caro y doloroso.

¿Habrá forma más sencilla y rápida de resolver un problema que preguntando a aquél que sepa cómo resolverlo?
El mundo empresarial no escapa al hecho de que, en su entorno, surjan problemas. En definitiva, aparezcan hechos y situaciones para las que no tenemos respuestas adecuadas que le den solución. Un problema no solucionado, resulta ser un lastre que, poco a poco, va tomando mayor dimensión.

Cuántas veces hemos oído decir eso de… La fuerza de las preguntas.

Sin duda, las preguntas llevan implícitas una tremenda fuerza, su fuerza está en las respuestas que obtengas de dichas preguntas.

Si quieres respuestas brillantes, haz preguntas inteligentes. Pero hazlas en el momento oportuno y a la persona adecuada.

El más claro ejemplo de pregunta inteligente en un entorno empresarial, no recuerdo a quién lo escuché, lo que sí es cierto que me agradó tanto que me lo apropié, fue el siguiente:

Ante el hecho de llegar tarde al trabajo, un empresario suele preguntar: ¿Porqué has llegado tarde?

De dicha pregunta, así planteada, ¿qué se puede esperar? Lo que procede es que el subordinado le dé a su jefe excusas (mucho tráfico, el coche no arrancaba,…), niegue lo que es evidente o cargue la culpa sobre terceros.

¿Porqué has llegado tarde? Es una pregunta reactiva. No sirve para construir un futuro. Tan solo sirve para justificar una acción pasada.

Sin embargo, ante el mismo hecho, la pregunta tiene más fuerza si la planteas de esta manera:

Conoces la hora de entrada ¿Qué puedes hacer para no volver a llegar tarde? Así planteada, la pregunta exige una respuesta proactiva, no reactiva. Es una pregunta que exige que visionemos el futuro, no el pasado. La respuesta debe contener las acciones que vas a emprender, para que ese hecho no se vuelva a producir.

En torno a las preguntas, dos son los planos en los que te puedes ubicar:
– Preguntas.
– Te preguntan.

Ambas situaciones son extraordinarias para conseguir efectos extraordinarios.

Si preguntas, pides información sobre hechos, circunstancias; formación sobre materias determinadas, reacciones adecuadas; eliminas problemas que no sabías cómo resolver.

Si te preguntan, tienes la posibilidad de formar, informar, educar, conseguir efectos en el que escucha. Y según lo hagas, recibirás gratitud, estima, admiración y respeto. El que te ha preguntado, no dudará en volverte a preguntar.

¿Eso sirve en el entorno de la empresa? Yo creo que sí.

Si somos nosotros quienes las planteamos, tras ella buscamos formación, información o, tal vez efectos. Y sobre la otra parte, la que responde, está apreciando en ti, cualidades que todos admiramos, en especial la humildad. ¿Debe ser la humildad una de las cualidades de un líder?

Por otro lado, si somos los llamados a responder. Si la respuesta es de calidad, la otra parte estará constatando tu generosidad. ¿Debe ser la generosidad una de las cualidades de un líder?

Buscar respuestas a preguntas adecuadas es campo abonado para la consolidación y crecimiento. Preguntar es crecer.

La gran responsabilidad que pesa sobre el empresario, sobre todo líder, no debe dejar cabida a esas falsas vergüenzas que sentimos ante la ignorancia.

El día que perdamos al niño que todos llevamos dentro, aún sin saberlo, será uno de los peores días de nuestra vida. Habremos perdido toda la inocencia, la naturalidad, espontaneidad y descaro que se precisa para preguntar y aprender. Aprender a cómo solucionar nuestros problemas y cómo hacer mejor las cosas.

Preguntar. La solución de tus problemas.

A su disposición en: pedrocerdan@impulsocoach.com y www.impulsocoach.com

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3 Responses to “La fuerza de las preguntas. Si quieres respuestas brillantes haz preguntas inteligentes – Por Pedro Cerdán”

By Salvador - 17 diciembre 2014 Responder

Evita preguntar “por qué” a no ser que sepas que tu interlocutor tiene una respuesta razonable, de lo contrario le forzarás a justificarse y provocarás que despues tenga que defender su postura aunque no esté muy convencido de ella.
Si la tiene que defender mucho se la llegará a creer !! y entonces si que tendrás un problema…

By Antonio - 16 diciembre 2014 Responder

Cuando somos niños para cada pregunta hay una respuesta, primero nos las dan nuestros padres, luego nuestros profesores,… Pero según avanzamos en edad, nadie nos da la respuesta la tenemos que encontrar en nosostros mismos. Lo más habitual es que ocurran dos cosas, bien que no haya respuesta o bien que haya varias respuestas, a partir de aquí se inicia el proceso de toma de decisiones.

By juan carlos - 16 diciembre 2014 Responder

Recuerdo durante mi formación como coach, al otro lado del atlántico, (un día os explicaré anécdotas de ese período que compartí con grandes compañeros), uno de mis profesores me comentó “Juan Carlos, no tengas nunca miedo a preguntar, hazte el tonto, escarba, tu éxito como coach dependerá en gran parte de esto”, y es totalmente cierto. Os lo recomiendo, no tengáis miedo a preguntar. Eso sí, prepárate bien la pregunta.

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