Blog

Noticias relevantes para tu empresa

Home/Artículos/Mi primer día de trabajo – Por Santiago Torre

Mi primer día de trabajo – Por Santiago Torre

“Preséntate a las 8h”, le dijeron. Esa noche no había podido dormir.

 

¿Qué le esperaría en esa empresa?

¿Cómo serían sus compañeros?

¿Y su jefe?

¿Daría la talla? … y sobre todo

“¿qué me pongo?” “el primer día es vital, tengo que ir impecable”

“¿cómo irán vestidas las chicas allí: formales, informales, …?”,

“mira que si voy muy puesta y están todas en vaqueros”,

“me tendría que haber comprado otra cosa”, …

entrevista de feina web

bueno, lo que ha pasado por la cabeza de todos nosotros, no sólo en nuestro primer día de trabajo, si no en cada nueva incorporación a otra empresa.

 

Tras un proceso de selección duro, complicado y muy largo –y con escasa información a los candidatos, por cierto-, Marta ha conseguido un puesto de trabajo que ansiaba desde que acabó la universidad, allá en Junio. Estaba nerviosa, no es fácil para un recién licenciado con un expediente normal conseguir incorporarse a una empresa de cierto renombre y además con un contrato acorde a sus estudios.

 

Salió con tiempo suficiente y a las 7.30h ya había llegado. Estuvo esperando donde consideraba que no era vista y a falta de 2 o 3 minutos para las 8 se presentó en las oficinas,

 

“Hola, soy Marta García y me incorporo hoy”, dijo a la persona en recepción

“¿Marta García?, nadie me ha dicho nada. ¿Por quién tenías que preguntar?”

“No lo sé. Yo estuve con Daniel Fernández”

“Sí, es el de personal, es el que entrevista a todo el mundo. ¿Estuviste con alguien más?”

“No, sólo con él, 3 veces. Vengo a trabajar en prácticas en Administración”

“Bien, vienes a sustituir al chico que despidieron porque no encajaba. Espera que llamo a Daniel” … “Me dicen que no ha llegado. No tardará, pasa a la sala”

 

Marta, un tanto despistada es ubicada en una sala de espera,

 

“el anterior despedido, ¿no encajaba?, ¿Qué haría o que no haría?, ¿a ver si me va a tocar un jefe muy exigente?”.

 

Así siguió allí durante un buen rato sin que nadie le dijera nada. A eso de las 9, entraron 3 personas en la sala

 

“¿Está ocupada?. Perdona, pero ¿Quién eres?”

 

Tras la correspondiente explicación vino la chica de recepción:

 

“perdona, me había olvidado de ti. Daniel ha llamado que llegará sobre las 10h”

 

Marta fue reubicada a un despacho vacío y allí continuó hasta aproximadamente las 10.30h cuando Daniel apareció, pidió disculpas por su retraso y le indicó que no tenían preparado el contrato porque la persona que los realiza estaba de vacaciones unos días, pero que no se preocupara, que el alta en Seguridad Social la gestionaban en ese momento y, que por favor, le dejara el D.N.I.

 

Salió Daniel con el D.N.I. de Marta. Al cabo de más de media hora volvió, se lo entregó y le dijo

“ya está resuelto. Ya estás dada de alta, ya puedes trabajar aquí, acompáñame”.

 

Le llevó a una zona abierta con 6 personas donde había una mesa libre. “Esta es tu mesa, le dijo. Enseguida viene Andrea, que es la Directora de Administración y ya ella te dice”,

 

le espetó dejándole allí, en medio de la sala, con 6 personas mirándole –inspeccionándole de arriba abajo, si  le preguntamos a ella-.

 

Pasaron no más de 30 segundos, que a ella le parecieron horas cuando una chica de mediana edad se levantó, fue hacia ella, le dio 2 besos y le dijo.

 

“Hola, supongo que vienes al puesto de Luis. Bienvenida, soy María. Te presento”

 

y le fue presentando y diciendo que hacía cada una de las personas que estaba allí, para acabar diciendo

 

“Soy la representante sindical, si tienes cualquier problema o quieres aclarar cualquier duda, aquí me tienes para resolverlo”.

 

No le dio tiempo a responder cuando vino una chica de algo más de 30 años que se presentó como Andrea y le pidió que le acompañara.

 

Entraron en un despacho y, sin hacerle pregunta alguna, Andrea comenzó a hablar sobre lo que esperaba de ella –excelencia, por supuesto, pero nada concreto- y a explicarle porque habían despedido a su predecesor. Acabó diciendo que, de momento, y dada su inexperiencia, ella le iría pasando trabajos concretos para que realizara y circunstancialmente y en el día de hoy, cogiera el teléfono cuando sonara en el departamento.

 

“Por cierto”, acabó diciendo Andrea, “ya he confirmado con informática lo de tu ordenador, espero que en 2 o 3 días te lo habiliten, ya sabes, tu usuario y acceso al servidor y todo eso, hay que cambiar todo”

 

A las 12 de la mañana, hora del Angelus –y muchas ganas que hubiera tenido Marta de rezarlo para encomendarse ante aquellos despropósitos, pero visto el percal, no era plan para el primer día- allí estaba Marta sentada en una silla, ante una mesa desangelada, ocupada con poco más que un teléfono y sin saber qué es lo que tenía que hacer …, ni hoy ni en un futuro.

 

¿Qué idea cree usted que se ha hecho Marta de su empresa en esas 4 horas?. Dicen que la primera impresión es la que cuenta

¿Creen que en esas condiciones puede rendir mínimamente?

¿Sospechan porqué acabaron despidiendo a Luis?

¿Cómo cree que le transmitirán en un futuro cercano sus cometidos?

¿Conoce Marta algo de la empresa, lo que hace, el organigrama, quien es quien, su visón, sus objetivos, por lo que tiene que luchar y a que adaptarse?

 

Cuando Marta tenga un problema, vea su primera nómina y no la entienda, tenga que faltar para ir al médico, quiera coger un día de vacaciones o incluso pedir material de oficina,

 

¿a quien cree que se dirigirá? …

 

Así es, a María, que casualmente es la representante sindical. ¿Creen que lo que ella le diga es lo que le diría el Director General de la empresa o diferirá en algo?

 

Pasará el tiempo y Andrea, su jefa, Daniel el de recursos humanos y el gerente protestarán de Marta y su actitud. No entenderán porqué está tan desmotivada y sale siempre a la hora, sin quedarse ni un minuto más, por qué una gripe le dura 8 días, …

 

Les voy a decir una verdad que duele: la culpa de que nuestros empleados estén desmotivados, sean pasotas y parezcan más adolescentes que nuestros propios hijos es nuestra, de nadie más.

 

Cuando nosotros les seleccionamos, eran los mejores que encontramos, tenían ganas, ilusión y estaban dispuestos a hacer lo que fuera. Si ahora no lo están, nosotros somos los únicos culpables. Nosotros y nuestra empresa les ha llevado a esa situación.

 

La buena noticia es que todo eso se puede cambiar. No es fácil, pero es posible. La gran mayoría de la gente quiere trabajar en un ambiente agradable y motivador, con autonomía y en donde sepa claramente que se espera de él y de sus compañeros, donde las reglas de juego sean comunes y válidas para todos, donde se sepa cuál es el destino, donde se valore a las personas y se sea consciente de la importancia de las mismas para el desarrollo personal y de la compañía.

 

Voy a decir otra verdad dolorosa: no es fácil cambiar la situación, pero si no se empieza nunca se hará y además es algo que tenemos que hacer nosotros. No va a venir nadie de fuera a resolvernos el problema. Podrá venir acompañarnos, guiarnos, motivarnos, alentarnos, orientarnos e incluso formarnos, pero el trabajo es nuestro. El primer cambio debe ser nuestra actitud para poder cambiar después nuestra aptitud.

 

Para empezar, debe clarificar que es lo que quiere con su empresa o departamento, los objetivos comunes, después definir los puestos de trabajo y las tareas a realizar, analizar a los miembros del equipo para ver qué es lo que hacer mejor y más a gusto, establecer reglas claras y por escrito –que no haya que preguntar al del sindicato-, diseñar planes de acción para cada persona, reunirse y hacer seguimiento individualizado, dar retroalimentación de forma correcta,…

 

Eso sí, para empezar cuando vaya a contratar a alguien, defina muy bien su puesto de trabajo y encárguese de que toda la “infraestructura” esté preparada: alta previa en Seguridad Social, contrato, ordenador, teléfono, material de oficina, manual de reglas, … así como de que las personas que tienen que acogerla de inicio estén disponibles y se encarguen de hacerlo. Prepare un protocolo de incorporación que recoja como mínimo la visión, misión y valores de la empresa, un organigrama, una breve descripción de lo que hacemos y de lo que esperamos de la persona que se incorpora, las reglas sobre cómo tiene que comportarse, código de conducta y vestimenta, que hacer en caso de que …

 

Dedique una mañana a que esa persona se sienta más segura y sepa a quien dirigirse –a no ser que el delegado sindical le parezca el más apropiado, claro- y que sobre todo, entienda qué es la empresa, cuál es su esencia y qué se espera de ella. Si sabemos el punto de destino será más fácil resolver dudas que nos surjan por el camino.

 

Por cierto, este relato no es una situación ficticia, si no real, muy real, con los nombres cambiados en los que yo fui uno de los protagonistas (para ser concreto, yo era Daniel).

 

Me enteré de esto tiempo después, en una cena de Navidad de la empresa en que “Marta” me lo contó.

 

Me avergoncé, se lo conté a mi jefe y desde entonces modificamos todo aquello, con mucho trabajo, pero lo hicimos, y puedo decir que el sistema de acogida y la impresión en el primer día de trabajo cambió radicalmente, siendo, en palabras textuales de una persona que se incorporó un par de años después “lo más alucinante que he visto en mi vida al incorporarme en una empresa”.

Huelga decir que tiempo después reconocía que eso le cambió, él era un desorganizado y un tanto anárquico, pero al ver aquello tuvo que cambiar y convertirse en una persona diferente, aquel entorno le exigía que así fuera.

 

Written by

The author didnt add any Information to his profile yet

Leave a Comment