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Mi socio y yo no estamos de acuerdo

¿Cuántas veces podrás haberte visto en una situación similar? Es más común de lo que parece, el hecho de que los socios lleguen a un punto en el que lleven caminos distintos al que se comenzó de manera conjunta en los inicios.

Este fin de semana he estado con mi buen amigo Óscar, empresario de los que se han hecho a sí mismos y con una empresa de tamaño mediano. Hacía tiempo que no le veía y le pregunté por el trabajo…

Investigación: ¿Qué duele?

– ¿Qué tal Óscar cómo va el negocio? Le pregunté.

– Bien… – me respondió, hizo una mueca de disgusto y añadió – Aunque últimamente el ambiente está enrarecido, mi socio y yo no nos ponemos de acuerdo. Siempre hemos tenido diferencias de opinión, pero ahora parece que cada uno va a lo suyo.

– ¿Qué ocurre? ¿no van bien las cosas? ¿los resultados no son buenos? – quise saber.

– Bueno…, ya sabes…, siempre podrían ir mejor. Pero, después de haber pasado unos años muy duros, de gran incertidumbre, ahora la cosa está remontando y no nos podemos quejar. Es una pena que esté ocurriendo esto.

REFLEXIÓN

– Entonces, ¿dónde crees que está el problema?, ¿habéis hablado de ello? Lo primero es la comunicación – A estas alturas, mi vena de coach comenzaba aflorar, cosa que pareció no importarle a Óscar. Es más, tuve la impresión de que agradecería alguna ayuda.

– Sí, claro. Hablamos a menudo, pero no llegamos a ninguna conclusión, ni a ningún acuerdo. Sacamos a relucir muchos detalles de los resultados, llegamos a los reproches y todo termina con: “haz lo que te dé la gana” – me estuvo contando varios ejemplos de esas conversaciones y llegué a la conclusión de que, realmente, hablar si hablaban, pero escuchar no escuchaban.

– Esto puede ser perjudicial para la empresa – le respondí –ese clima se percibe fácilmente y transmite inseguridad a la plantilla, clientes, proveedores, bancos, …

– Bueno, hasta ahora los que lo están sufriendo son los trabajadores y, en algún caso, se están aprovechando de ello. Por otro lado, tampoco es agradable para nosotros dos ¿Tú qué harías? – Definitivamente, estaba pidiendo ayuda. Algo que no es muy habitual en él, ya sea por orgullo o por no molestar, Óscar es muy autosuficiente.

Tuve la tentación de explicarle que lo importante no es lo que yo haría, sino lo que estuvieran dispuestos a hacer los dos. Una de las máximas del coaching dice que quien tiene el problema tiene la solución. Pero, lecciones sobre coaching, quizá, es lo que menos necesitaba Óscar. Así pues, empecé a tratar de enfocarle.

El Enfoque inicial:

– Al menos ¿estaréis de acuerdo en lo básico? – pregunté.

– ¿A qué te refieres? – me respondió con cierta sorpresa.

– En el por qué y para qué tenéis la empresa. Y en que la queréis seguir teniendo. Aunque te parezca algo ridículo, hay que ir buscando puntos de acuerdo y enfocar el problema.

– Pues tienes razón – me dijo, algo más animado – En algo estamos de acuerdo, fundamentalmente queremos ganar dinero. Aunque bien es cierto que por muy diferentes motivos y para diferentes fines. Puede que eso sea parte del problema.

– No debería, siempre y cuando seáis capaces de aislar los objetivos de la empresa, de los individuales o particulares. Pensad que dos hermanos a los que su madre vestía cada día igual cuando eran niños, dejan de hacerlo cuando maduran y siguen siendo hermanos.

Le dije esto último porque conozco un poco el caso y sé que ha habido cierta obsesión absurda por evitar diferencias, el coche de empresa es igual para los dos, se compraron casa en la misma urbanización, los niños van al mismo colegio, etc. Óscar frunció un poco el ceño, durante un instante se quedó pensativo, dejé que la idea calase.

Aquí un momento clave de reflexión y continué:

– Si me permites, te voy a lanzar otra pregunta bomba, prometo que será la última de este tipo.

– Por supuesto, adelante – me dijo.

– ¿Estáis de acuerdo en seguir juntos o podrías reiniciar negocios por separado?

– ¡Caray! Este tipo de cosas ni nos las planteamos, al menos yo, y creo que mi socio tampoco. A estas alturas, sería muy difícil y requeriría mucho esfuerzo conseguir una posición de mercado, de calidad, de producción y de rentabilidad como la que tenemos actualmente. Sería echar por tierra el trabajo de muchos años.

– Veo que estáis de acuerdo en cosas muy importantes – le dije – tan sólo en unos minutos hemos averiguado un par de ellas.

– ¿Y crees que con esto será suficiente para que mejoren las cosas?

– Por supuesto que no, pero si le añadís algunas más, puede servir de base para vuestro consenso, es lo que se conoce como alineación de objetivos. Una vez que estéis de acuerdo en el “qué” debéis pasar a trabajar el “cómo”.

– ¿Cómo se hace eso? – preguntó con ganas de tomar nota.

– Tendríais que analizar muchos aspectos de vuestra gestión, que ahora mismo desconozco. Comprobar que hacéis el reparto de tareas más adecuado a vuestros perfiles, dejar de ocuparse de todo (si es el caso), contemplar la posibilidad de profesionalizar algunas áreas (incluida la gerencia), aprender a negociar (separando intereses de posiciones), etc. Lo importante es que establezcáis ciertas normas y mecanismos de comunicación que aseguren el respeto, la escucha y el enfoque en lo importante, que adquiráis el hábito de utilizarlas, son sencillas, como un juego. En caso contrario no pasaréis de la primera reunión.

– No sé…, no estoy seguro…, puede ser complicado – Dudó.

– No es complicado, te lo aseguro, sólo hay que conocer los mecanismos y adquirir el hábito – le tranquilicé.

– Si necesito ayuda ¿puedo contar contigo?

– Por supuesto. Pero si se lo propones a tu socio, por favor no le hables de esta conversación, prefiero estar delante cuando se lo propongas. En la situación actual, lo más normal es que se ponga a la defensiva con un pensamiento del tipo “¿a ver qué tontería se le ha ocurrido a este o qué “moto” le han vendido?”.

– De acuerdo, el mismo lunes me pondré a ello -concluyó.

Espero que esta conversación tenga continuidad y os pueda seguir haciendo partícipes del proceso y los resultados. El trabajo puede ser muy interesante y aportar soluciones para muchos otros casos, ya que es bastante frecuente la situación de Óscar.

Como siempre, le recordé que no descubro nada nuevo, la solución está en su negocio, sólo le recuerdo que lo haga, sólo o con ayuda.

Antonio Calvo.

Junio 2017.

 

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