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No hay problema pequeño – Por Pedro Cerdán

Es insensato pensar que un enemigo pequeño no puede tumbarnos. Quitémonos esa idea de la cabeza, o ¿acaso no puede una minúscula chispa provocar un gran incendio?

El estado generalizado de incertidumbre al que está sometida la sociedad y la empresa, en particular, es asfixiante.

Esa incertidumbre no es más que un determinado estado de ánimo. Estar sumido en él, no es agradable, ni deseable, pero como estado de ánimo puede cambiar. Y sobre el CAMBIO, sus tres ingredientes: INSATISFACCIÓN (por la situación presente), VISIÓN (de una situación futura mejor) y ACCIÓN (el movimiento se demuestra andando).

Tenemos la dosis adecuada de realismo para darnos cuenta de que estamos insatisfechos. También tenemos la imaginación justa como para saber que: existe una vida mejor y no hay mal que cien años dure. Pero no disponemos de las cualidades necesarias para pasar a la acción. Ahí está nuestro problema.

Problema del que hay que buscar su raíz en una de estas dos posibilidades: 1.- La falta de voluntad (esfuerzo necesario) y/o, 2.- La ignorancia (desconocer hacia dónde debemos dirigir nuestros pasos) para propiciar el cambio adecuado.

Soy el primero que hace ejercicio de autocrítica y llego a esas conclusiones. También observo y dialogo con muchos empresarios y constato ese estado emocional de Incertidumbre. Continúo hablando, e intuyo que, la mayoría, están algo perdidos.

En general, los empresarios (yo el 1º), ¿seguimos fieles a la vieja ortodoxia de la clase empresarial? Clase empresarial de rancio abolengo. Rancio, aunque sea “rancio 2.0”. ¿Somos personajes patéticos que pasean un mal anunciado? Anunciado y de consecuencias nefastas no solo para él, también para su familia, colaboradores, empleados,… Lamentable que eso pueda ocurrir por no pasar a la acción.

Pero volvamos a: Es insensato pensar que un enemigo pequeño no puede tumbarnos. ¿Acaso no puede una minúscula chispa provocar un gran incendio?

¿Cuáles serían algunos de esos pequeños problemas que padecemos, y los enemigos que mantenemos y pensamos que no va con nosotros su guerra?

Estos son: Las cuantías por encima de las tendencias. El corporativismo del que hemos hecho dejación. El individualismo del que hacemos bandera. La vanidad antepuesta a la humildad. Lo urgente condicionando lo importante. La búsqueda de la autocomplacencia por encima de la efectividad. Son tantos los engranajes que nos chirrían que sería interminable y desmoralizador continuar por esta línea. Tampoco es el objetivo de éste Boletín generar desazón sobre desazón, de eso, estamos servidos.

Comencemos por “mover cimientos”, que no es otra cosa que ser conscientes:

–         Si no atendemos los pequeños problemas (de ventas, beneficios, productividad, costes, clima laboral,…), por naturaleza, por pequeños, seremos tolerantes con ellos, encontraremos excusas y, lo más probable es que esos problemas, se acumularán con un cierto resultado: La suma de todos ellos y las tendencias negativas se convertirán en una línea directriz de fatales consecuencias.

–         El corporativismo empresarial. Asociaciones empresariales, territoriales, sectoriales son grupos de presión para la mejora de nuestra actividad. Pero pasamos de ellas. Y ¿quiénes las manejan? ¿Conocéis alguno que manejándolas haya salido perjudicado? Sobran dedos de la mano para contarlos. Todos se benefician. Cojamos las riendas de nuestro destino, no lo dejemos en manos ajenas. Debemos ser activos. Pero… el que paga manda. Pongamos remedio a ello. No es un coste, es una inversión el dinero que destinas a defender tus intereses desde una asociación, federación, confederación que persiga el bien colectivo, no el particular, y… eso depende de ti. PARTICIPANDO-VOTANDO.

–         El individualismo en que nos sume el creer que lo sabemos todo. Porque años pasados fuimos capaces de obtener beneficios. Olvidamos nuestra condición humana: ni lo sabemos todo, ni acumulamos cualidades que nos hacen los mejores del mundo mundial, ni el entorno es el mismo, cambia. Somos imperfectos, podemos crecer. Pero para ello, antepón a la vanidad la humildad.

–         Anteponemos la autocomplacencia a la efectividad y productividad. Necesitamos estar muy ocupados, demostrar que desarrollamos un nivel de actividad frenético, que no somos parásitos de la sociedad, que estamos arrimando el hombro y dando el “do de pecho”. Solo autocomplacencia. En la empresa son dos tipos de tareas las que existen: 1.- Las técnicas: “Hacer”; y 2.- Las directivas: “Hacer hacer”. Lógicamente, sabiendo lo que hay que hacer. Con la autocomplacencia a tu ego le estás proporcionando un placebo.

–         Revisa tu agenda y lee a Covey. Tu rol de empresario, tiempo de trabajo y esfuerzo lo encauzarás bien si te dedicas: 1º. A lo “importante” y “no urgente”; 2º. A lo “importante” y “urgente”; 3º. A lo “no importante” y “urgente”; y 4º. Si te sobra tiempo, dedícalo a trabajar menos, “no importante” y “no urgente”.

Recuerda: No hay enemigo pequeño para tu empresa, pero el peor enemigo eres tú.

Como siempre, a su disposición en pedrocerdan@impulsocoach.com y en la web www.impulsocoach.com

Pedro Cerdán

Coach de negocios Delegación Alicante

 

 

                                                                         

 

 

 

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