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Si no tienes otro plan…(liderazgo) – Por Santiago Torre

Era el primer sábado de primavera y como todos los años por estas fechas –no siempre se hacía el primer sábado ya que dependía del clima y el deshielo- Marcelo encabezaba un grupo de chicos y chicas que subían a trabajar en el monte durante todo el fin de semana.

Marcelo llevaba ya muchos años realizando esta tarea. Comenzaba el deshielo y había ciertas zonas en donde el agua se desbordaba y al coincidir con época de nacimiento crías de ciertas especies que tienen sus madrigueras y refugios bajo tierra había muchas de ellas que perecían ahogadas, así que el grupo subía a construir pequeños diques, presas y realizar trabajos de acondicionamiento para, cuando menos, minimizar esos efectos.

Era un fin de semana de trabajo, pero muy divertido. Para muchos de los chicos y chicas era la primera vez que lo hacían e incluso que dormían fuera de casa y además en tiendas de campaña que ellos mismos montaban; todo un reto. Además Marcelo era el que se encargaba del grupo de noveles, que era lo que más le divertía. Le gustaba explicarles todo lo que iban a hacer y ponerse a su disposición para que aprendieran de él. Otros compañeros se encargaban de los veteranos.

Una vez arriba e instalados comenzaba la explicación de lo que realizarían y el reparto de tareas. En esta ocasión al grupo de Marcelo le tocó realizar una pequeña presa que evitase el desborde de agua en  una zona donde identificaron muchas madrigueras de roedores.

Rápidamente puso en conocimiento de los demás cómo pensaba hacerlo y preguntó opiniones y llegaron a acuerdos y compromisos. Se distribuyeron tareas: limpieza del área, recogida de piedras, maderas, rastrojos y arbustos, cadena humana de traslado … y se pusieron manos a la obra.

En la parada para comer analizaron entre todos la situación. Se estaba complicando más de lo esperado. Al parecer había algunos factores que no habían previsto y no parecía sencillo sujetar la presa y que esta aguantara el gran volumen de agua que iba a haber. Establecieron un plan B y hasta un C por si fuera necesario. No era el primer año que esto ocurría, así que en esta ocasión Marcelo recogió opiniones y criterios, pero fue él que tomó las decisiones y organizó a su criterio.

Avanzada la tarde y ya empezando a anochecer habían utilizado ya el plan B y era necesario poner en marcha el C, menudo desastre, esto superaba lo que habían previsto y corrían el riesgo de que todo lo realizado hasta ese momento no valiera para nada porque el agua destrozara la presa por la noche cuando ellos no la podrían reforzar. De repente todo se aceleró. La presa se rompía por momentos.

Marcelo tomó el mando de la situación y cambió su habitual modo participativo por el del líder autoritario y casi déspota –el que realmente se necesita en momentos de máxima tensión y necesidad de acción inmediata-. Comenzó a ordenar con voz firme y tajante lo que había que ir realizando. Fundamentalmente era recoger maderas de cierto tamaño e irlas pasando a tres personas que estaban en la presa que las iban colocando rápidamente en los lugares que él iba diciendo. Todos participaban, pero uno de los chicos miraba con cara rara y no hacía otra cosa que decir:

“No funcionará. Eso se va a romper esta noche y todo el trabajo será en balde”

Marcelo hizo como que no oía –en situaciones límites el líder tiene que hacerse el tonto o que no se entera muchas veces porque es el momento de actuar, no de discutir y mucho menos de perder a ningún miembro del equipo-, pero a la tercera o cuarta repetición ya no le quedó más remedio que actuar, poner a alguien en su lugar y dirigirse a esa persona negativa

“Es posible que no aguante. No las tengo todas conmigo que funcionará” le dijo en tono elevado algo excitado, “¿tienes alguna alternativa?”, le dijo en tono más suave

“Mira, estáis poniendo maderas y más maderas pero el agua cada vez baja más fuerte y no van aguantar. Fíjate ya se está rompiendo por el lado izquierdo”, contestó el chico

“¿Crees que si ponemos piedras de refuerzo será mejor?” preguntó Marcelo

“Uff, no, seguro que no porque son menos estables que las maderas y arbustos. Esa tampoco es la solución”. Dijo el muchacho reforzando su criterio con movimientos laterales de cabeza

“Podríamos utilizar lodo e incluso talar uno de los árboles para reforzar” propuso Marcelo

“No es posible, ya está anocheciendo y no nos dará tiempo. Eso tendríamos que haberlo hecho antes” decía el chico, mientras incluso aceleraba los movimientos laterales de cabeza y los reforzaba con la mano y moviendo el dedo índice en el mismo sentido

“Entonces, ¿tienes alguna solución alternativa?” preguntó Marcelo con voz calmada

“No, es imposible, no lo vamos a conseguir” aseveró el chico con los brazos en jarras.

“MUY BIEN, PUES SI NO TIENES OTRO PLAN, MUEVE EL CULO Y PONTE A TRAER LOS PALOS MÁS GRANDES QUE ENCUENTRES …. YA” gritó Marcelo con toda la fuerza que sus pulmones le permitían.

La corriente del liderazgo situacional (recomiendo leer “Liderazgo y Participación: mitos y realidades” de Roberto Pascual) aboga por la realidad de que el liderazgo no depende de la persona, si no de la situación y que diferentes situaciones requieren diferentes tipos de liderazgo y que el líder debe saber identificar la situación y conocer cómo adaptarse, para lo que debe entrenarse en las diferentes técnicas e interiorizar los comportamientos de los distintos tipos de liderazgo. Para ellos el líder no nace, se hace y quien solo es capaz de ejercer un tipo de liderazgo solo será capaz de actuar en un tipo de situación … y en la vida de la empresa se dan múltiples tipos diferentes de situaciones; cuantas más dominemos, mejor funcionará nuestra empresa.

En este caso Marcelo se va adaptando a lo que sucede y va modificando su conducta y modo de dirigirse a su equipo y a las personas en concreto en función de lo que va ocurriendo. Así va pasando de un liderazgo paternalista, a uno democrático en donde las decisiones se toman por consenso, luego a uno participativo, donde escucha diferentes opiniones y sugerencias, pero él toma las decisiones, pasa después a otro autoritario donde no escucha a nadie. A pesar de ello se encuentra con reticencias y un experto en problemas (en plantearlos, no en solucionarlos, claro. ¿Conoces tú a alguien así?). En ese momento modifica su conducta autoritaria y se dispone a escuchar –quizá alguien puede dar un punto de vista que él ha pasado por alto-, pero cuando no existe más que negatividad pasa a un estilo imperativo y casi hasta agresivo. Con ello consigue no solo no perder a un miembro del equipo –necesita a todos-, si no desmontar su resistencia e integrarlo con casi sumisión en ese momento y hacer que todos los demás hagan sin plantearse otra cosa que seguir órdenes, que es lo que se necesita en esos momentos de crisis y actuación inmediata (entrega de un pedido importantísimo o cumplir una fecha de entrega de un reporte o incluso presentación de una oferta o realizar en envío pueden ser ejemplos de empresa)

Y tú, ¿Cuántos tipos de liderazgo practicas? ¿Cómo te enfrentas a la negatividad de tu equipo?

Del Blog de Santiago Torre

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2 Responses to “Si no tienes otro plan…(liderazgo) – Por Santiago Torre”

By Juan Carlos - 5 febrero 2015 Responder

Por si alguien se empeña en que sólo hay una manera de hacer bien las cosas. La flexibilidad, la adaptación y saber distinguir qué palo de golf voy a utilizar según el tipo de golpe que necesite, es lo que distingue a un líder de los que no lo son.
“No digas es imposible, dí no sé hacerlo…. todavía”.

By Antonio - 5 febrero 2015 Responder

Un tema dificil el que plantea Santiago. Sobre todo por tener la consciencia de cual es la situación, cómo es el interlocutor, etc., cuando te estás enfrentado a una situación complicada. Supongo que conociendo esto, es más fácil de conseguir, y practicando, mucho más.

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