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Socios y Hermanos. ¿Cielo o Infierno? – Por Salvador Minguijón

¿Cuántas veces has oído que las empresas familiares difícilmente sobreviven a la segunda generación? Pues resulta que son muchas más que las no familiares que sobreviven a la jubilación de su socio o socios fundadores.

¿Por qué sobreviven una generación más? Porque  las empresas familiares tienen vocación de perdurar en el tiempo y llegado el momento pueden hacer grandes esfuerzos (algunas veces asumiendo un altísimo riesgo financiero personalmente) para mantener la empresa a flote.

Sin embargo, hay otra característica que a mí me llama poderosamente la atención porque también repercute en el éxito de estas empresas y es que los hermanos tienen invariablemente caracteres de comportamiento radicalmente diferentes. (No puedo asegurar que sea una verdad absoluta pero yo lo he podido constatar en el 100% de mis clientes por medio de análisis DISC).

Cuando digo “Radicalmente diferentes” implica que las tareas que uno emprende con entusiasmo al otro le aburren soberanamente y viceversa. Esto, que supone una gran ventaja implica una gran dificultad de gestión que sobrellevamos gracias a que “a los hermanos les perdonamos todo”. Si en lugar de hermano fuese sólo un socio lo más probable es que ya hubiésemos disuelto la sociedad…

Es precisamente la dificultad en gestión de esta diversidad y el intento de eludir discusiones lo que hace que la empresa familiar tenga tendencia a caer en dos trampas típicas que, sin bien no son exclusivas de las empresas familiares, se presentan en éstas con muchísima frecuencia:

– Dividimos la empresa en departamentos estancos y cada unos hace de su capa un sayo en su ámbito de responsabilidad.

–  Todas las decisiones se consensuan,  cualquier hermano puede vetar una decisión.

Cualquiera de estas dos trampas llevan a la empresa familiar a gastar una gran cantidad de energía (incluidos malos rollos) en el funcionamiento interno, reduciendo drásticamente su capacidad para desenvolverse en el entorno. La más clara manifestación en estos momentos es la dificultad para adaptarse a los cambios de mercado actuales.

La solución a estas dos trampas es muy sencilla; Hay que establecer un mínimo de organización que incluya las normas más elementales de funcionamiento,  hay que adquirir la habilidad de respetar a todos los miembros de la organización y sus responsabilidades y hay que evitar actuar permanentemente de bombero desarrollando el hábito de la planificación.

Hazlo, y si estás demasiado liado para hacerlo tú solo ponte en contacto con nosotros, verás que DISFRUTAR DE TU EMPRESA  ¡¡ES POSIBLE!!  ¡¡Y MUCHO MÁS FACÍL DE LO QUE IMAGINAS!!

Salvador Minguijón

Delegación en Aragón

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3 Responses to “Socios y Hermanos. ¿Cielo o Infierno? – Por Salvador Minguijón”

By superadmin - 18 diciembre 2014 Responder

Para la relación profesional o empresarial entre hermanos es necesario salvar un escollo, que habitualmente tienen salvado de forma natural en su relación familiar, del que deben ser conscientes.
Me estoy refiriendo a que las diferencias de opinión entre ellos, provocan peleas mucho más violentas y agresivas que si no fuesen hermanos y con la misma facilidad lo suelen olvidar. En definitiva cada uno tiene su propio sistema de resolución de conflictos y si no lo tiene lo debe implantar, porque algún mecanismo debe exisitr. Un coach puede ayudar en esto.

By Juan Carlos - 17 diciembre 2014 Responder

Salvador, yo también he constatado este tema, incluso en empresas de tres hermanos. Se complementan una barbaridad. Eso sí, cuando está el padre, él se encarga de complementarlos a todos.

By Santiago - 17 diciembre 2014 Responder

Salvador, tienes mucha razón en la diferencia de perfiles de comportamiento DISC entre hermanos. De hecho, la semana pasada me sucedió algo que me sorprendió enormemente, tuve el caso de dos hermanos con un perfil casi calcado, lo que no es normal. Comentándolo con ellos en la sesión, llegamos a la conclusión de era así por la influencia de sus padres (ambos habían trabajado en el negocio) que les complementaban perfectamente.

Al llegar al despacho, contrasté un caso antiguo en que recordaba que me sucedía lo mismo. En esa ocasión eran dos hermanos CS y comprobé que el padre era D mayúscula tamaño letra 100 y la madre I mayúscula tamaño letra 100. Los hijos se incorporaron cuando se jubiló el contable (hermano de la madre), al que yo no conocí, pero que apuesto mi reino a que era un SC sin nada de D o I.

Tienes mucha razón, adaptamos nuestro comportamiento a las personas con las que nos relacionamos y las circunstancias que nos tocan vivir

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