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Propósitos… Ya los tenemos… Y ahora… ¿qué hacemos?

Qué hacer para conseguir llevar a buen puerto nuestros buenos propósitos.

Poner todas nuestras ganas y esfuerzo para conseguirlo no va a ser la solución. Olvídalo, ya ha ocurrido en otras ocasiones y, al final, el día a día, nuestra forma de ser y de hacer las cosas nos devuelve a la misma realidad de siempre. O utilizamos técnicas diferentes o no conseguiremos nada, incrementar nuestro esfuerzo no es la solución, la mayoría ya estamos cerca de nuestro límite de esfuerzo y queda poco margen.

La exigencia de productividad en nuestro ámbito personal, profesional, familiar, social, deportivo, cultural, de salud, etc. es una constante, el aprovechamiento del tiempo para hacer más cosas y mejor se convierte en una obsesión. Esto nos lleva a plantearnos grandes retos, como el cambio de hábitos, algo muy difícil de conseguir porque, no nos engañemos, somos como somos y algo muy importante tiene que ocurrir para que dejemos de serlo. La consecuencia final es la frustración por no conseguir las metas y… no tener a quien echar la culpa, excepto a nosotros mismos.

agradarPara lograr cambiar de hábitos tenemos que encontrar que algo nos guste mucho o que nos duela mucho, de forma que el resto de condicionantes quedan en un segundo lugar y nos importan poco, por ejemplo el esfuerzo. Es decir que algo nos guste mucho y nos motive o nos duela mucho y nos obligue, la segunda opción suele ser ajena a nuestra voluntad y en la primera solemos cometer un error de enfoque que veremos más adelante.

Entretanto, vamos centrarnos en dos consejos (para quien los pida) para aprovechar mejor el tiempo y mejorar nuestra productividad. Sólo son una parte de los métodos que utilizamos en los programas de gestión de tiempo, pero pueden servirnos para empezar por algo fácil y útil.

En primer lugar, debemos conocernos a nosotros mismos y ser conscientes de nuestras posibilidades en distintos momentos del día o de la semana. Es decir, debemos observar e identificar nuestros momentos fuertes o débiles para realizar ciertas tareas, esto se consigue mediante un control de nuestra actividad y estado de ánimo durante unas semanas. Nos daremos cuenta que hay ciertos momentos en los que nuestra disposición no es buena para grandes tareas; para seguir siendo productivos debemos tener en reserva trabajos que nos gusta hacer o que son muy rutinarios, pero necesarios; dejando los trabajos creativos o de mayor esfuerzo para los momentos de mayor fortaleza. Una advertencia, no es válido aquello de “trabajo mejor bajo presión”, eso es sólo una trampa para justificar que lo hemos dejado para el último momento y probablemente se haga con prisas y mal.

En segundo lugar, os recomiendo que para cada día y cada semana o mes tengáis tres tareas que hay que hacer sí o sí,llistat sin excusas, lo que Leo Babauta llama TMI, tarea muy importante. Es decir, cada día hay que hacer tres cosas que contribuyen a tres tareas que nos hemos propuesto hacer en la semana o el mes. “Un largo camino se recorre dando un paso detrás de otro” y otras frases ingeniosas al respecto, os ayudarán a entender el concepto.

Nos habíamos dejado atrás el error de enfoque en la motivación generada por lo que, presuntamente, nos gusta mucho. Que algo nos guste mucho debería ser suficiente para que no nos importe mucho el esfuerzo para conseguirlo, pero suele ocurrir que la motivación se desvanece o no es suficiente, por dos razones: el objetivo realmente no nos gusta tanto como inicialmente pensábamos o que realmente no confiamos en poder alcanzar los resultados. En ambos casos se trata de un auto convencimiento alejado de la realidad y de nuestra persona, al que hemos llegado por las razones que sean, de ahí el error de enfoque. “Cuidado con los sueños porque se pueden hacer realidad” es otra frase ingeniosa que ayuda a entender lo que digo.

No obstante, las cosas se pueden hacer por algo más fuerte que la motivación, me refiero al compromiso. Con compromiso se logran hacer las cosas aunque se esté desmotivado, no hay que esperar al momento álgido de la motivación, el compromiso supera mayores obstáculos, incluida la desmotivación. El compromiso aparece cuando hay más personas involucradas, la motivación es un compromiso con nosotros mismos y como somos dueños de nosotros mismos nos lo saltamos cuando queremos, más aún si nos tenemos poco respeto. Pero cuando hay otras personas por medio, la fuerza es mayor por muchas razones: la responsabilidad con esas personas, por no quedar mal, por querer tener razón y un largo etcétera.

Así pues, si buscáis un potente motor compartid vuestros planes y metas con otras personas con las que os veis a menudo, no sólo con las más cercanas o las que os caen bien (mejor todo lo contrario), notaréis la fuerza del compromiso.

No descubro nada nuevo, la solución está en vosotros mismos, sólo os recuerdo que lo hagáis, solos o con ayuda.

Antonio Calvo- Director General de Impulso Coaching de Negocios

 

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